Foro Internacional de Reflexión y Análisis “El Reto de Formar Ciudadanos para el Siglo XXI”

18-11-2016

Es un placer estar con ustedes para participar en este Foro Internacional de Reflexión y Análisis que aborda uno de los desafíos más grandes de nuestra actualidad: “El Reto de Formar Ciudadanos para el Siglo XXI”.

Los sistemas educativos son los instrumentos de programación de nuestra realidad futura, definen la calidad de vida de nuestros pueblos, la efectividad de nuestras democracias, los fundamentos técnicos y filosóficos con los que construimos nuestras naciones. Por ello tienen que estar permanentemente mejorándose, adaptándose a la cambiante realidad del mundo.

La enseñanza tradicional ha sido rebasada

Durante mucho tiempo, nuestros sistemas educativos se han enfocado en las disciplinas académicas tradicionales, transmitiendo información de una manera pasiva, utilizando prácticas de aprendizaje básicas como la memorización, convirtiendo en muchos casos el aula en una caja de reverberación y repetición de conocimientos fijos y, en algunos casos, obsoletos.

Esto no es lo que se requiere en un mundo hiper-dinámico y en constante cambio tecnológico. Esto no es lo que necesitan nuestros alumnos para insertarse en la economía digital. Esto no les sirve para desarrollar competencias que les permitan sacar el mejor provecho de un mundo globalizado, competitivo y crecientemente interdependiente, un mundo que pone a los países y las culturas en contacto permanente.

Los sistemas educativos que utilizan prácticas tradicionales para el aprendizaje, en los que los maestros son meros transmisores de hechos y datos, en donde el alumno se percibe como un ente pasivo que hay que llenar de conocimientos preestablecidos, son insuficientes para los requerimientos del siglo XXI.

Una nueva forma de enseñar y aprender

La velocidad de la revolución digital, el progreso tecnológico y la creciente interacción e integración entre naciones y culturas, requieren que formemos estudiantes con una capacidad de aprendizaje moderna, flexible, crítica, tolerante, con hambre de conocimiento de vanguardia y ganas de “aprender a aprender”. Eso es lo que tenemos que enseñar si no los queremos poner en desventaja.

La realidad está empujando a los sistemas educativos a alejarse de los mecanismos de producción en masa y a enfocarse cada vez más en las necesidades particulares del individuo, y esto demanda un replanteamiento de las formas en las que pretendemos educar a nuestros niños y jóvenes.

La complejidad del mundo en que vivimos también requiere que nuestros jóvenes entiendan su vinculación con los grandes desafíos globales de nuestra actualidad, como el cambio climático, la pobreza, las desigualdades o la migración. Para ello tenemos que aprender a formar personas que reconozcan la enorme trascendencia de su papel como agentes de cambio, la relevancia de su contribución, de sus habilidades y capacidades para ayudar a construir un mundo más incluyente y sustentable.

Las nuevas “competencias globales”

Para ayudar a los gobiernos a dotar sus sistemas educativos de esta nueva capacidad la OCDE está trabajando en el análisis y diseño de políticas para desarrollar, medir y potenciar las competencias globales de los alumnos.

Al hablar de “competencias globales” nos referimos a una combinación de conocimientos, competencias cognitivas y socioemocionales, y actitudes.

Una persona dotada de competencias globales adecuadas cuenta con los conocimientos, la comprensión, las competencias, las actitudes y los valores necesarios para colaborar con otros y dar solución a problemas relevantes a escala global.

El desarrollo de las competencias globales es un proceso que dura toda la vida pero la educación puede ayudar a configurarlo. Para ello, es necesario un replanteamiento del sistema educativo que permita determinar qué objetivos, qué contenido y qué métodos son necesarios.

El mejor punto de partida para fomentar las competencias globales es la escuela. Las escuelas pueden brindar a los jóvenes la oportunidad de hacer un análisis crítico de lo que sucede en el mundo y en sus vidas, para entender de qué manera se vinculan esos dos aspectos y mejorar su capacidad de actuar en favor del bienestar colectivo.

Las escuelas pueden también ofrecer a los estudiantes unas experiencias que faciliten sus relaciones interculturales; cultivar su aprecio por la diversidad de pueblos, lenguas y culturas; y fomentar la sensibilidad y el respeto interculturales.

 

¿Cómo integrar este nuevo marco en los sistemas?

Ahora lo importante es cómo integrar este nuevo marco, este nuevo modelo, de enseñanza a nuestros sistemas educativos. La OCDE ha identificado estrategias y medidas para lograrlo. Por ejemplo: poner el concepto de “capacidades generales”, que facultan a los estudiantes para ser aprendedores exitosos, individuos con alta confianza y creatividad, y ciudadanos informados, en el centro de la curricula, como lo está haciendo Australia (Slide 1). También es importante poner un énfasis especial en la formación de valores, como lo está haciendo Singapur con su 21st Century Competencies (Slide 2).

Otra medida importante es cambiar la preparación de los maestros transitando de un desarrollo profesional basado en la oferta a un desarrollo profesional basado en la demanda y necesidades de los estudiantes, como lo está haciendo Finlandia. Además de transformar la cultura de la enseñanza de una cultura de un solo maestro frente al aula a una cultura colaborativa con varios maestros interactuando frente a los estudiantes, fomentando las competencias transversales.

Hay otros ejemplos exitosos interesantes como Alberta en Canadá (Slide 3) y Estonia (Slide 4).

Hay que reconocer que por el momento, la difusión de buenas prácticas a escala internacional ha sido insuficiente. Por esa razón, la OCDE está desarrollando una serie de mediciones que permitan mejorar el diagnóstico a nivel internacional a fin de lograr una respuesta más contundente y mejor coordinada.

 

A México le urge avanzar en este sentido

Mexico no puede quedarse atrás. La calidad de nuestro sistema educativo es la piedra de toque de la calidad de nuestro país. La forma en la que nuestros alumnos aprenden define su desempeño escolar pero también define su primer empleo, su salario promedio, su calidad de vida y su contribución a un México mejor.

En los últimos años se han tomado decisiones importantes para mejorar y modernizar nuestro sistema educativo, y ya estamos registrando algunos avances.

De acuerdo con el más reciente Panorama de la Educación de la OCDE, México ha tenido algunos avances en materia educativa. Mientras que sólo el 12% de la generación de 55 a 64 años de edad tiene un título de educación superior, la cifra aumenta a 21% entre las generaciones más jóvenes, de 25 a 34 años de edad.

Además entre 2005 y 2014 la tasa de matriculación de niños de 3 años de edad en la educación preescolar casi se duplicó en México, alcanzando un 40% en el 2014 (promedio de la OCDE del 69%).

Sin embargo, el sistema educativo mexicano aún enfrenta una serie de desafíos importantes. El sistema de programas de desarrollo para la primera infancia (educación Inicial) está aún poco desarrollado en México. Sólo el 5% de los niños de 2 años de edad se inscribieron en estos programas en el 2014, en comparación con el promedio de matriculación de la OCDE del 34%.

En México sigue habiendo una muy alta tasa de deserción a nivel medio superior. La proporción de jóvenes de 25 a 34 años que no cuenta con educación media superior es de 55%, muy por encima del promedio OCDE de 16%.

La proporción de jóvenes entre 20 y 24 años que no están no ni estudiando, ni trabajando ni en capacitación (NINIs) es de 25%, una de las más altas de la OCDE, cuyo promedio es de 17%. Además, las diferencias de género son todavía muy marcadas. La diferencia entre la proporción de mujeres de 20 a 24 años que son NINIs y los hombres es abismal, 40% frente a 10%.

Por ello es fundamental que se siga avanzando en la implementación de la Reforma Educativa, poniendo a los alumnos en el centro del sistema y creando una cultura del mérito, tanto entre alumnos como entre docentes.

La transformación del modelo educativo es también una dimensión fundamental de esta reforma, indispensable para contar con ciudadanos informados y críticos, que cuenten con las herramientas necesarias para enfrentar los desafíos del siglo XXI.

 

Señoras y Señores,

Los sistemas educativos son entes vivos. Tienen que adaptarse a su medio ambiente. Tengamos esto en mente mientras transformamos nuestro sistema educativo.

Quiero aprovechar esta ocasión para impulsar a México a que se una a nuestro análisis sobre competencias globales y destacar los beneficios mutuos que podrían resultar de esa colaboración.

México está tomando pasos decisivos para mejorar el desempeño educativo. Cuenten con la OCDE para seguir apoyando estos esfuerzos e impulsar mejores políticas educativas para una vida mejor.

Muchas gracias.

 

 

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