Cumbre de Movilidad Social 2016

18-11-2016

Es un placer estar aquí para hablar sobre la importancia de la movilidad social y la igualdad de oportunidades para el crecimiento incluyente. Estos son desafíos fundamentales para los países de la OCDE y hacerles frente constituye una de las prioridades más altas de nuestra Organización. Quisiera agradecer a Enrique Cárdenas por su amable invitación a este evento.

Niveles insostenibles de desigualdad

Nuestras sociedades, nuestras economías, nuestras naciones, están desequilibradas. Su potencial de crecimiento ya no es el mismo de antes. Las expectativas de sus ciudadanos se han erosionado. Hay un sentimiento de decepción y desconfianza generalizado. Y es que las desigualdades han alcanzado niveles muy altos, en algunos casos insistenibles.

La desigualdad de los ingresos en los países OCDE ha alcanzado el nivel más alto en los últimos 30 años. En 2014, el índice de Gini promedio en los países de la OCDE alcanzó su valor más alto desde que existen los registros (0.318).[i] El ingreso del 10% más rico es casi 10 veces el ingreso del 10% más pobre. En los ochentas era 7 veces mayor. Esto significa que en 3 décadas la disparidad en los ingresos creció en alrededor de 40%.

Desafortunadamente, la situación en nuestro país no es mejor. Si bien la desigualdad en el ingreso disponible había disminuido en México antes de la crisis, la tendencia cambió y entre el 2007 y el 2014 la desigualdad en el ingreso de mercado volvió a aumentar.

De acuerdo con las cifras del Panorama de la Educación de la OCDE 2016, el 10% más rico en México gana 21 veces más que el 10% más pobre. Esta diferencia es la más grande entre los países OCDE. En el índice de Gini, México es el país con el segundo nivel de desigualdad más alto en la OCDE (0.459), sólo detrás de Chile (0.465).

Las consecuencias de este aumento en las desigualdades van más allá del ingreso. Otras dimensiones del bienestar, como las oportunidades de integración al mercado laboral, el acceso a educación y servicios de salud de calidad también se han visto afectadas. Pero una de las expresiones más preocupantes de estas desigualdades es la perspectiva de movilidad social.Desigualdades y movilidad socialUna de las características más preocupantes de estas tendencias de desigualdad es su carácter estructural y su impacto negativo en la movilidad social. Una parte importante de la sociedad se ha percatado de que la desigualdad no sólo se refleja en dimensiones que van más allá de los económico, sino que también puede transmitirse de una generación a otra, afectando las perspectivas de desarrollo y las oportunidades de las generaciones futuras.Dependiendo de la importancia de las capacidades heredadas, la movilidad social está relacionada con el grado de igualdad de oportunidades en un país. Lo que separa a los “ganadores y perdedores” o “los que tienen y los que no tienen” en una sociedad ha sido señalado como un obstáculo para el crecimiento económico, que además puede generar inestabilidad política y violencia. De hecho la credibilidad de una economía de mercado descansa en su capacidad de poner en marcha mecanismos que hagan posible la movilidad social para la población (Featherman, Jones y Hauser, 1975).

Los estudios de la OCDE lo confirman: los hijos de familias con ingresos bajos tienen una mayor probabilidad de tener menores ingresos que los hijos de familias con ingresos más altos. Si un padre de familia gana dos veces el ingreso promedio, su hijo probablemente ganará 50% más que el promedio cuando llegue a la edad del padre. Esta es la llamada “curva de Gatsby”, la cual refleja que entre más desigual es una sociedad menores son las posibilidades de movilidad social en su interior.

En México la movilidad social sigue siendo baja. Los niños de padres pobres permanecen pobres y los hijos de padres ricos permanecen ricos, perpetuando las desigualdades en el tiempo. De acuerdo con la encuesta del Colegio de Mexico más reciente de 2015: De los 100 individuos que nacieron en el quintil más pobre de la población, 36 se mantuvieron en ese nivel en la adultez. De los 100 individuos que nacieron en el quintil más rico de la población, 43 lo siguen siendo en la adultez. Además las mujeres padecen una menor movilidad social que los hombres y esto es preocupante dada su gran capacidad de promover el desarrollo económico de la familia.

Esta situación es inaceptable, pues debilita uno de los principios básicos de equidad de cualquier sociedad democrática: que todos merecen las mismas oportunidades. Promover la movilidad social no se refiere únicamente a cómo la ocupación y las ganancias de una persona se ven afectadas por los antecedentes de sus padres. La OCDE está desarrollando evidencia y análisis que muestran el efecto de los antecedentes de los padres sobre la educación y la salud, en la vida temprana, la juventud y la vida adulta. Por ejemplo, madres de hogares desfavorecidos tienen más probabilidades de influir negativamente en los resultados del niño a través de una salud materna deficiente debido a una mayor susceptibilidad a adquirir enfermedades contagiosas o una nutrición deficiente[ii].

Una mayor movilidad social es una característica crucial del Crecimiento Inclusivo. Además, no sólo afecta a quienes sufren las desigualdades sino al conjunto de la sociedad y a su potencial de desarrollo económico y bienestar.

Las desigualdades y la falta de movilidad social afectan el crecimiento y la productividad

Las desigualdades no sólo afectan la movilidad social de los más bajos ingresos sino que además afectan el crecimiento del conjunto de la economía.

Estudios recientes de la OCDE muestran que el crecimiento de las desigualdades ha reducido el crecimiento del PIB en cerca de 6 o 7 puntos porcentuales en los Estados Unidos, Italia y Suecia en los últimos 25 años. Esto es resultado de que las familias con ingresos más bajos se están quedando atrás y, por ello, están teniendo menos posibilidades de invertir en educación y habilidades[iii] .

Las desigualdades en los ingresos, la educación, las oportunidades de formación, la salud y el acceso a puestos de trabajo de calidad o a las nuevas tecnologías, reducen la productividad agregada y el crecimiento económico.[iv]

Y este es un círculo vicioso, porque es muy difícil promover la movilidad social en un contexto de bajo crecimiento y baja productividad laboral. Tenemos que romper esta estructura.

Políticas para la inclusión y la  movilidad social

Para lograrlo necesitamos adoptar un enfoque multidimensional de la política económica. Es urgente superar la fragmentación entre las distintas áreas durante la formulación de las políticas, para asegurarnos que la educación, el mercado laboral y las políticas redistributivas de impuestos y beneficios se complementen en favor de la inclusión y la cohesión social. Esto requerirá un enfoque renovado de ‘todo el gobierno’ para la formulación de políticas, donde diferentes departamentos gubernamentales, agencias y ministerios trabajen juntos para ofrecer soluciones conjuntas.

Este enfoque debe fortalecer las políticas para reducir la informalidad e incentivar la formalidad, impulsar programas de vanguardia en materia de seguridad social, consolidar un sistema educativo incluyente, fomentar la igualdad de género y poner en marcha políticas para reducir la pobreza entre los adultos mayores. Además se requieren inversiones públicas en salud, dirigidas a los sectores de más bajos ingresos.

Un actor fundamental para reducir las desigualdades y promover la movilidad social es la ciudad. Este es un campo en el que la OCDE está promoviendo estrategias activas de crecimiento incluyente.

De hecho, acabamos de lanzar junto con la Fundación Ford la Propuesta de Nueva York para un Crecimiento Incluyente en las Ciudades en marzo de este año. La semana que viene se reúnen alcaldes de todo el mundo para discutir sobre un Plan de Acción de París para un Crecimiento Incluyente en las Ciudades.

Señoras y Señores:

Nuestros países son inviables, insostenibles, con los niveles actuales de desigualdad social.  Es imposible alcanzar la paz social, en democracias funcionales, en civilizaciones prósperas, con altos niveles de concentración del ingreso en pocas manos y pocas oportunidades de mejoría para las mayorías. Tenemos que romper esta estructura. Y para ello es crucial enfocarnos en la promoción de la movilidad social.

Por ello la OCDE está dando un paso adelante en su trabajo sobre desigualdades y en los próximos meses estaremos lanzando un proyecto muy ambicioso en tres ejes: la movilidad social intergeneracional; la movilidad de ingreso intergeneracional; y la prevención del declive de la clase media. México será parte de este esfuerzo y se beneficiará, con recomendaciones concretas de políticas públicas, de esta iniciativa. Abordar este desafío requiere de una acción colectiva y la OCDE está lista para librar esta batalla.

Muchas gracias.

 

[i] OECD Income Distribution Database

[ii] Working party of Social Policy,  DELSA/ELSA/WP1(2015)3

[iii] OECD, (2015), In It Together, OECD Publishing Paris

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