Reactivacion Economica: Retos Y Oportunidades Para Las Mipymes

On Tuesday 26 May I participated in a conversation Organised by ACOPI (La Asociación Colombiana de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas) to discuss the role of MSMEs in Colombia’s COVID recovery. Find my remarks below.

Distinguidos invitados,

Quisiera agradecer a Rosmery Quintero Castro [Quintero Castro, Presidente Nacional de ACOPI, Asociación Colombiana de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas] y a la ACOPI su amable invitación a tan oportuno conversatorio sobre el impacto de la covid-19 en las Mipymes y la importante contribución que estas empresas aportarán a la reactivación económica de Colombia.

Antes de nada, permítanme compartir con ustedes la enorme satisfacción que nos produjo, el 28 de abril, acoger a Colombia como miembro número 37 de la OCDE.

  • Con su incorporación se abre un emocionante nuevo capítulo en la relación entre la Organización y Colombia. La OCDE seguirá desempeñando una función importante enseñando la manera en que los países y las economías podrán adaptarse a la nueva normalidad que ineludiblemente surgirá tras la crisis de la covid-19.

La buena noticia es que la mayoría de los países de América Latina, Colombia entre ellos, han adoptado diligentes medidas para contener la propagación del virus y abordar los retos que plantea la pandemia.

Colombia ha impuesto cuarentenas nacionales sumamente restrictivas, ha reforzado los sistemas de salud [el país tiene previsto incrementar la capacidad de sus Unidades de Cuidados Intensivos a razón de un 371% en cuatro fases], y ha introducido con éxito programas de transferencia de efectivo en apoyo de los hogares de bajos ingresos.

  • De los 50 millones de colombianos, casi 30 millones han recibido algún tipo de ayuda pública, a lo que hay que sumar los programas de préstamo a pequeñas y medianas empresas (pymes).

Sin embargo, la pandemia ha puesto de manifiesto diversas vulnerabilidades en nuestras economías y sociedades. Si bien es casi imposible cuantificar con exactitud el impacto económico que tendrá la covid-19, nuestras estimaciones preliminares apuntan a que cada mes de confinamiento reduce el crecimiento anual del PIB en los países de la OCDE en alrededor de 2 puntos porcentuales.

De hecho — estén atentos — porque actualmente estamos elaborando nuevas previsiones económicas [El informe sobre las perspectivas económicas de la OCDE se publicará el 10 de junio] para 6 economías latinoamericanas importantes, Colombia entre ellas.

El crecimiento promedio en la región de América Latina ya fue muy bajo el año pasado, del 0,1% según la CEPAL. La covid-19 y las medidas de confinamiento están afectando tanto a la producción como a la demanda interna, registrándose un declive sostenido de los flujos comerciales (especialmente de los dirigidos hacia los principales socios de la región, a saber, EE.UU. y China), las remesas, el turismo y la inversión extranjera directa (IED). La caída simultánea de los precios de productos básicos y del petróleo planteará sus propios desafíos a las cuentas públicas y las balanzas de pagos de varios países de la región.

Entre las más afectadas por la crisis están, por supuesto, las pymes, que representan el 99% de las empresas y aportan el 60% del empleo en la región [Nota: con todo, las pymes tan sólo producen el 30% del PIB regional, frente al 60% en la OCDE].

La OCDE ha estado examinando las consecuencias de la pandemia para las pymes y las medidas públicas específicamente dirigidas a este tipo de empresas en 60 países. [Mencionar nuestro informe disponible en la plataforma sobre la covid.]

  • Hemos llevado a cabo más de 30 estudios que nos permiten concluir lo siguiente:
  • Más de la mitad de las pymes acusan una fuerte caída en los ingresos.
  • Sus reservas de efectivo se están agotando y difícilmente aguantarán más allá de 2 o 3 meses.
  • Además, el impacto sobre el empleo está siendo desmedido.
  • Las pymes generan el mayor número de empleos en los sectores más afectados: en promedio, el 75% en los países de la OCDE.
  • Las microempresas de menos de 10 empleados, que aportan en torno al 30% del empleo en estos sectores, son las más afectadas por la escasez de circulante.
  • Y, al comparar las pymes de Colombia con las del conjunto de países de la OCDE, las pymes colombianas son más vulnerable a la crisis, por los siguientes motivos:
  • Primero, Colombia presenta una mayor proporción de microempresas.
  • Segundo, los trabajadores autónomos representan en Colombia el 52% del empleo total, frente al 15% en el conjunto de la OCDE; el dato colombiano supera también con creces el de otros países de ALC.
  • Tercero, la productividad de las pymes suele ser inferior a la del resto de empresas en los países de la OCDE, una tendencia que se acentúa en el caso de Colombia.
  • Por último, la economía colombiana destaca por la elevada tasa de informalidad de su mercado de trabajo, lo que dificulta enfocarse en las empresas más vulnerables e implementar medidas de choque. Colombia tiene 5,6 millones de empleos informales, lo que supone casi el 48% de su fuerza de trabajo total.

¿Cuáles con las respuestas de política específicamente dirigidas a Mipymes?

  • En todos los países, además de haberse ayudado a las pymes a seguir las directrices sanitarias, los instrumentos más utilizados han sido los que procuran preservar la liquidez a corto plazo, principalmente aplazamientos de los impuestos sobre la renta y los beneficios; programas de avales crediticios; capitales de riesgo; garantías de préstamos, préstamo directo a pymes y subvenciones salariales.
  • Es de lamentar que los países apenas hayan recurrido a políticas estructurales que aceleren la digitalización o refuercen el acceso de las pymes a recursos estratégicos. El criterio por el que se guían los países en estos momentos para evitar una quiebra masiva de empresas y una explosión del desempleo es el de “intervengamos ahora y comprobemos después”.
  • Pero no puede ignorarse el riesgo de que las medidas fiscales acaben por elevar el volumen de préstamos morosos con respaldo público. Esta cuestión deberá abordarse a medida que avancemos en la fase de recuperación.

En Colombia, la combinación de medidas de política económica centradas en las pymes ha estado en consonancia con lo observado en otros países de la OCDE. Ahora bien, el sector de las pymes colombianas es especialmente vulnerable a la desconexión económica global. Entonces, ¿qué debería hacerse?

  • Primero, la cuestión del acceso: ¿cómo nos aseguramos de que las medidas de apoyo lleguen rápidamente a las pymes, incluidas aquellas que operan al margen de los canales bancarios tradicionales?
    • Reducir las cargas administrativas es fundamental.
    • Las soluciones de fintech suelen conllevar menores cargas administrativas y facilitan llegar a empresas al margen de los sistemas bancarios formales.
    • En numerosos sectores y países, iniciativas de crowdfunding o de microfinanciación colectiva se han puesto en marcha por o para las pymes. Las empresas de fintech han introducido modos de financiación novedosos. Son muchas las pymes que exploran maneras innovadoras de producir y vender, a menudo de la mano de la digitalización. En concreto, varias pymes y empresas de reciente creación están contribuyendo no poco a encontrar soluciones para la crisis, desde invertir en la búsqueda de vacunas hasta fabricar equipos de protección, pasando por el desarrollo de tecnologías y métodos de trabajo que permitan sobrellevar las medidas de confinamiento. Necesitamos medidas que respalden toda esta innovación.
  • Segundo, la cuestión de la deuda: ¿de qué manera abordamos el aumento del endeudamiento de las pymes en el medio plazo?
    • Hemos observado que la mayoría de los instrumentos hasta ahora disponibles son instrumentos de deuda. Ahora bien, existe un límite a la deuda que las pymes están en condiciones de asumir y devolver. Durante la última década, en respuesta a la gran crisis financiera, los gobiernos ampliaron los instrumentos de financiación al alcance de las pymes con, por ejemplo, los arrendamientos financieros, la financiación mezzanine o de entresuelo y diversos instrumentos de capital. Es importante que los programas de políticas incorporen también estos nuevos instrumentos.
  • Tercero, la importancia de los ajustes estructurales, vinculando mejor los objetivos a corto plazo con los objetivos a largo.
    • En el futuro será crucial vincular las medidas inmediatas de apoyo con objetivos de índole más estructural, como por ejemplo acelerar la digitalización de las pymes con el objetivo de promover nuevas formas de trabajo, aumentar la inversión en capacitación para mantener actualizadas las competencias de los trabajadores, diversificar los mercados y apoyar la innovación y la competitividad.
  • Al hablar de medidas a más largo plazo, centrémonos también en la cuestión de la productividad.
    • La economía colombiana se concentra actualmente sólo en unos pocos sectores orientados a los recursos naturales en los que las pymes apenas están representadas. Se necesitaría pues contar con políticas que promuevan la diversificación económica y que impulsen el emprendimiento y el desarrollo empresarial, para de este modo potenciar la capacidad productiva y el desarrollo de nuevas ventajas comparativas en los sectores industrial y de servicios, y conseguir así una ampliación e intensificación de los flujos comerciales y una contribución más activa de las pymes.
    • Muchas de las ineludibles medidas sanitarias han elevado los costos del comercio, perjudicando inadvertidamente al sector y, en particular, a las Mipymes. Las medidas para facilitar el comercio pueden ayudar a aliviar el impacto en las empresas comerciales, especialmente las Mipymes, pues les permiten acceder a la compra de insumos fuera y a la venta en mercados extranjeros. Los indicadores de facilitación del comercio de la OCDE muestran que el país podría apoyar en mayor medida a sus Mipymes automatizando y agilizando los procedimientos aduaneros, así como simplificando y armonizando los requisitos de documentación. Al mismo tiempo, esto permitirá a los organismos de aduanas y de fronteras encarar con mayor facilidad los retos operativos que, una vez superada la pandemia, plantearán los trámites fronterizos.
  • Y, por supuesto, precisamos de respuestas de política específicas para la mujer emprendedora.
  • De hecho, las mujeres de Colombia superan con creces a sus pares del resto del mundo en liderazgo empresarial y tasa de actividad empresarial. En Colombia, el 18% de las mujeres son emprendedoras (frente a solo el 5% de las mujeres en la UE).
  • Así y todo, tres meses después de desatarse la crisis pandémica las empresas propiedad de mujeres aún siguen padeciendo escasez de liquidez y ninguna de las medidas de apoyo adoptadas hasta la fecha se ha centrado específicamente en ellas.
  • Eso sí: ¡Colombia tiene grandes posibilidades de recuperarse con éxito!
  • Concluimos que Colombia se sitúa entre los cinco primeros países de la OCDE en lo que respecta a habilidades emprendedoras [capacidades empresariales, iniciativa empresarial, sin temor al fracaso]
  • La transformación digital es clave para el éxito de las pymes.
    • Por ejemplo, las pymes están bien conectadas a Internet según los estándares internacionales.
    • También son bastante activas en comercio electrónico, a niveles similares a los observados en España, Francia o Japón.
    • Con todo, persisten desafíos. La clave está en la velocidad de conexión: el ancho de banda sigue por debajo del promedio de la OCDE, mientras que los precios suelen ser más altos.

Esta pandemia de covid-19 ha golpeado nuestras economías y sociedades con contundencia inusitada y consecuencias catastróficas. Pero reinventarlas está en nuestras manos: podemos dotar a nuestras economías y sociedades de una mayor resiliencia aprovechando la oportunidad que se nos brinda. Es también ocasión de aprender unos de otros y de intercambiarnos mejores prácticas que nos permitan “reconstruirnos mejor”.

Muchas gracias por su atención.

Excited to announce my appointment as Assistant Director-General for Social and Human Sciences at UNESCO

It is a great honor to be appointed ADG for Social and Human Sciences at UNESCO after a wonderful experience at the OECD under the amazing leadership of Secretary General Angel Gurría. Big thanks for the confidence!

Read the Secretary-General’s statement here.

COVID-19: Salud, Economía y Ciencia Presentación

Organized by Área 9 and the Mexican alumni associations of MIT, Harvard, UCL, University of Cambridge, and Columbia University, Gabriela Ramos delivered a presentation on to discuss the role of international cooperation in the response and recovery efforts arising from COVID-19.

Gracias, Alejandro por haberme invitado a participar en este seminario, y también al Presidente Fernández. Me enorgullece enormemente estar aquí hoy como graduada de Harvard.

Además, me siento honrada de compartir esta experiencia con los demás distinguidos Presidentes de la Asociación de Alumnos en México.

El COVID-19 ha dado un vuelco a nuestras vidas en cuestión de semanas. En primer lugar, deseo dar las gracias a todos los trabajadores esenciales que están en la línea del frente (personal de enfermería, médicos y cuidadores) luchando contra la pandemia de COVID-19 y salvando vidas en México, en la región y en todo el mundo. Ponen en peligro sus propias vidas para salvar las nuestras.

Por lo tanto, debemos aprovechar esta oportunidad para replantearnos verdaderamente cómo recuperar el tan necesario respeto de la sociedad a quienes trabajan en el cuidado de los demás.

Con esta pandemia han quedado patentes una serie de vulnerabilidades de nuestras economías y sociedades, por ejemplo debilidades estructurales internas y una ausencia de mecanismos de resiliencia en los sistemas de salud y protección social, las relaciones comerciales o los sectores financieros, entre otros.

La difícil situación que estamos viviendo ha puesto de manifiesto nuestra escasa preparación para encarar este tipo de “crisis sistémicas” y evidenciado la gran interrelación que existe entre nuestras economías.

  • Nuestros sistemas de protección social y de salud se encuentran al límite de su capacidad. Estamos viendo que los gobiernos tienen que pagar los costos provocados por los fallos del mercado, financiando por ejemplo el desarrollo de vacunas y brindando atención médica a todo el mundo.

Sin duda la contención y el confinamiento están siendo esenciales para salvar vidas durante esta crisis de salud, pero han generado riesgos económicos graves.

  • La OCDE prevé un descenso del crecimiento anual del PIB de dos puntos porcentuales por cada mes de confinamiento.
  • Este impacto económico se siente mucho más severamente en México ya que su economía ya estaba en recesión desde el período anterior a la crisis. El año pasado, México creció solo un 0.1%. Luego con la pandemia de COVID-19, la volatilidad financiera y un número inaudito de salidas de capital están afectando a la depreciación de la moneda y al valor de los activos financieros. Así, se proyecta que su economía sufrirá una caída del 6.6% este año. Y este impacto está destruyendo los pilares clave de la economía mexicana, en particular, el comercio, el petróleo, las remesas y el turismo.
  • Como el mayor socio comercial de los EE. UU., México se ve afectado por los efectos indirectos del alto de la actividad en los EE. UU. Con China comenzando a reabrir su economía, el riesgo aumenta.
  • En la actualidad, un 70% del comercio internacional corresponde a la producción en cadenas mundiales de valor, donde se intercambian servicios, materias primas, piezas y componentes entre diferentes países antes de incorporarlos a productos finales. Esta realidad es especialmente visible en el caso de los productos electrónicos y de automoción. Por ejemplo, según el TiVA de la OCDE, la proporción del valor agregado extranjero en las exportaciones de productos electrónicos es de alrededor del 10% para los EE. UU., 25% para China y más del 50% para México. Este nivel de interrelación implica que cuando la demanda de un producto cae en un país concreto, puede tener un efecto prácticamente inmediato en los trabajadores de otras regiones que forman parte de esa cadena de suministro específica.
  • El colapso del precio mundial del petróleo sumergió el precio de exportación del petróleo de México en territorio negativo por primera vez en la historia.
  • Luego un golpe adicional al turismo, que genera el 17% del PIB de México.
    El equivalente a una pérdida de tres meses de desplazamientos mundiales en 2020 podría dar lugar a una ulterior reducción del empleo de entre un 12% y un 14%.
  • Y el problema más crítico que afecta a la población vulnerable es la fuerte caída proyectada de las remesas que representan más de un 3% del PIB de México, teniendo en cuenta que han sido fundamentales para sustentar el poder de compra de las familias de migrantes. (México contraerá más del 21% para 2020-2021 y solo se recuperará hasta dentro de 10 años. Esto se debe principalmente a que Estados Unidos —el país del que proceden la mayoría de remesas que llegan a México— se ha visto muy golpeado por la pandemia.)

Mientras aguardamos la reapertura de la economía mexicana, deberían tenerse más en cuenta aspectos estructurales que podrían satisfacer las verdaderas necesidades de la población.

Es importante reconocer que la crisis ha expuesto niveles inaceptables de desigualdad que afectan a nuestras sociedades.

Ya antes de la crisis, el 40% de la población con menor participación en la distribución de rentas llevaba décadas viéndose desmesuradamente afectada por las dificultades económicas.

  • En la OCDE, una de cada tres personas se encontraba en situación de “inseguridad financiera”, lo que significa que corrían mayor riesgo de caer en la pobreza tras tener que prescindir de sus ingresos durante tres meses. Y este es ya el tercer mes.

No todos los trabajadores se ven afectados por igual. La crisis de COVID-19 está impulsando a los empleadores a expandir las oportunidades de teletrabajo donde sea posible, posiblemente llevando a una mayor inversión en infraestructura de teletrabajo que podría traer algunos beneficios a largo plazo. Sin embargo, esto será de poca comodidad para aquellos que no pueden teletrabajar, ya sea porque están en la línea del frente y, por lo tanto, más expuestos a infecciones, o porque sus lugares de trabajo se han cerrado y sus trabajos pueden estar en riesgo.

  • Casi el 60% de los trabajadores mexicanos tienen trabajos informales: son amas de casa, vendedores, jornaleros, trabajadores domésticos (en su mayoría mujeres y trabajadores migrantes) y propietarios de pequeñas empresas sin protección social adecuada.

Además, debemos mencionar el impacto desproporcionado de esta crisis en las mujeres. A nivel mundial, las mujeres representan casi el 70% de la fuerza laboral en este sector, la mitad de los médicos y el 95% de los trabajadores de atención a largo plazo, exponiéndolos a un mayor riesgo de infección. Al mismo tiempo, las mujeres también llevan gran parte de la carga sobre el hogar y el cuidado de los niños, dado el cierre de las escuelas. Las mujeres también enfrentan altos riesgos de perder sus empleos e ingresos (muchas de ellas en empleos informales), y enfrentan mayores riesgos de violencia durante el confinamiento, la explotación o el abuso en tiempos de crisis y cuarentena.

 Los jóvenes también corren un enorme riesgo de resultar perjudicados. Sus perspectivas laborales y su aprendizaje están en juego, al igual que ocurrió tras la crisis económica de 2008.

  • En la actualidad, aunque algunos países están comenzando a reabrir los centros educativos, la pandemia de COVID-19 sigue afectando al aprendizaje de 1300 millones de alumnos en 186 países, más de un 72% de la población mundial estudiantil (en el momento de máxima incidencia llegó a afectar a más de un 90%). Esta es una situación inédita en la historia de la educación. Pese a la reapertura de los centros escolares en algunos países, no se ha acabado con el problema.
  • Esta situación trae consigo graves consecuencias y debemos plantearnos cómo compensar el tiempo perdido y sus posibles efectos en el aprendizaje. La disminución de oportunidades en materia de educación tendrá graves consecuencias para los jóvenes, un segmento demográfico en el que se integran 64 millones de desempleados de todo el mundo y 145 millones de trabajadores que ya vivían en la pobreza antes de esta crisis. Tras la crisis económica de 2008, se destruyó prácticamente uno de cada diez puestos de trabajo ocupados por menores de 30 años. Uno de cada diez jóvenes (de entre 15 y 24 años) ni trabaja, ni estudia ni está en capacitación.
  • Además, nos consta que los alumnos de los grupos más desfavorecidos serán los más perjudicados por la interrupción de las clases, ya que después de las vacaciones de verano pueden tardar hasta seis semanas en lograr la preparación física y mental necesaria para aplicarse en los estudios.
  • Por otra parte, la desigualdad en el acceso al aprendizaje virtual y los medios necesarios para realizarlo puede ampliar las brechas educativas. En la OCDE, solo un 78% de los alumnos de condición socioeconómica más baja tiene acceso a internet (en México la situación es aún peor, ya que solo tiene acceso un 29% de los estudiantes de entornos desfavorecidos). En México, donde solo un 7% de los adolescentes puede estudiar a distancia desde casa, esta situación es más grave. Los esfuerzos de recuperación económica también deberían tener en cuenta estos aspectos y facilitar acceso gratuito a la capacitación en línea o a computadores que les permitan conectarse.

Por lo tanto, la dinámica que generan las actuales crisis económicas se encuentra profundamente arraigada en la estructura de nuestras economías. Para dar máxima prioridad a la mejora del bienestar, reducir la desigualdad y conseguir sostenibilidad y resiliencia, se necesitará algo más que un ligero ajuste de las actuales políticas económicas.

Después del COVID no volveremos a “la normalidad”, sino a una “nueva normalidad” que podría ser mucho más resiliente. Necesitamos un sistema que pueda encajar futuros golpes y adaptarse.

En primer lugar, debemos entender que tendremos que convivir con el virus durante un tiempo tras el desconfinamiento inicial, hasta que se consiga una vacuna. Por lo tanto, será esencial invertir en iniciativas de I+D para acelerar el desarrollo de sistemas de diagnóstico, tratamientos y vacunas.

  • Debemos velar por que el diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad sean asequibles para todo el mundo, en especial para los más vulnerables. Aunque México ha incrementado considerablemente la cobertura médica, que ha pasado de tan solo un 48.3% de la población en 2002 a un 89.3% actualmente, esta crisis constituye un importante recordatorio de que la cobertura universal resulta crucial para proteger a la población más vulnerable y evitar un gasto en salud que podría ser catastrófico.
  • Debemos reforzar y optimizar la capacidad del sistema de salud para responder ante un rápido repunte de los casos.
  • En general, la capacidad de los sistemas de salud en los países de América Latina y el Caribe es inferior al promedio de la OCDE.
  • En el caso de México:
    • el gasto en salud es menor (5.5% del PIB (8.8% promedio de la OCDE), entre los más bajos de la OCDE);
    • hay menos camas de hospital (México cuenta con menos de 2.5 camas por cada 1000 habitantes, frente al promedio de la OCDE, que es 4.7 —el promedio de América Latina y el Caribe es 2.2—);
    • existe un menor número de profesionales médicos (2.4 médicos (promedio de la OCDE 3.4) por cada 1000 habitantes, 2.9 enfermeras (promedio de la OCDE 7.3) por cada 1000 habitantes. México es uno de los países de la OCDE que presenta unas cifras más bajas en ambos indicadores.)
  • Es probable que esto suponga una innovación social, con el despliegue de profesionales jubilados o aspirantes a profesionales del sector médico, el uso de espacios alternativos para alojar a los pacientes y la creación de alianzas público-privadas para atender las necesidades de equipos médicos.
  • También debemos integrar y recurrir al uso de soluciones digitales y datos para mejorar las pruebas, el seguimiento y el tratamiento de esta patología, habida cuenta de la superior tasa de mortalidad del COVID en México [9.9%] frente al promedio mundial [6.8%].

El desconfinamiento brinda además a los gobiernos la oportunidad de contratar a quienes pierdan su trabajo. Los contratos laborales de corta duración pueden contribuir a la protección del empleo y ayudar a empresas en dificultades.

Ya estamos observando empresas multinacionales que, a través del programa Business for Inclusive Growth (B4IG), se unen para recolocar a trabajadores despedidos en otras empresas, con el fin de reducir las tensiones en el mercado de trabajo. Pero también necesitamos que los gobiernos ayuden a trabajadores y empresas a salir más reforzados de esta crisis, mediante el financiamiento de cursos de capacitación en línea.

En tercer lugar, los problemas de las cadenas internacionales de suministro pueden llevar a algunos países a reducir su dependencia de las cadenas mundiales de valor o dar marcha atrás en sus procesos de globalización. Adoptaremos las medidas necesarias para garantizar, en línea con las recomendaciones de la OMS, que esto no restrinja la entrega de bienes y servicios esenciales a las personas que más lo necesitan (actualmente más de 60 países de todo el mundo han restringido las exportaciones de productos básicos y también de productos agrícolas y alimentarios).

Asimismo, somos conscientes del elevado nivel de participación en estas cadenas de desarrollo que tienen las economías de mercados en desarrollo y emergentes, al ser su sistema de protección laboral y social en caso de despido más laxo. Por lo tanto, esta crisis nos ha recordado también la importancia que reviste integrar procesos de debida diligencia en la gestión de las cadenas de suministro.

En cuarto lugar, tendremos que adaptar los sistemas de protección social para incrementar su resiliencia y equidad, de manera que contemplen a los trabajadores informales (un 60% de la fuerza de trabajo de México está compuesta por trabajadores informales, que representan un 30% del PIB nacional. Un 38% de la fuerza de trabajo total del país carece de acceso a cualquier tipo de protección social). No solo será necesario mantener las ayuda económicas de emergencia destinadas a trabajadores atípicos que no cuentan con una protección social suficiente, sino que tendremos que ampliar los regímenes de seguridad social para incluir a los trabajadores de la economía informal y mejorar tanto el acceso a los servicios públicos como la calidad de estos.

Las medidas de asistencia social en forma de ayudas económicas por hijos, prestaciones por maternidad y pensiones sociales pueden paliar en cierta medida las desigualdades de género existentes en el mercado laboral.

Asimismo, aunque es positivo que el Gobierno haya puesto en marcha algunos programas de crédito (para el sector formal e informal), destinados a mejorar las condiciones del sector público y privado para invertir en actividades productivas, si se quiere aliviar la carga que supone el endeudamiento, serán necesarias medidas más contundentes –que trasciendan el actual talante de austeridad– (por ejemplo un moratoria en el pago de los préstamos). De esta manera las empresas tendrán mayor margen fiscal para proseguir con su actividad. Debería hacerse especial hincapié en respaldar a empresas que fueran viables antes de la pandemia de COVID-19 (a saber, las de los sectores automotriz y turístico), para que sobrevivan a la crisis y actúen como “motor de creación de empleo” cuando la situación se normalice.

El mundo posterior al COVID ofrece también grandes oportunidades. Se presentan amplias posibilidades para que gobiernos, empresas, escuelas, centros médicos y personas individuales aprovechen las nuevas tecnologías y los nuevos métodos de trabajo para adaptarse a la crisis.

  • De hecho, la pandemia actual ha puesto de manifiesto el valor de las capacidades emprendedoras y el espíritu de innovación de muchas pymes, así como la importancia del ecosistema en el que operan. Pese a que muchas se encuentran entre la espada y la pared Sabemos que más del 50% de las encuestadas en los países de la OCDE ya han perdido una importante cantidad de ingresos y corren el riesgo de tener que cerrar sus negocios de manera inminente. Si tenemos en cuenta lo mucho que las economías de América Latina y el Caribe dependen de las mipymes —constituyen un 99% del conjunto de empresas de esta región y generan más de la mitad de los puestos de trabajo—, los pronósticos son aún menos halagüeños), siguen siendo nuestra inspiración.
  • Muchas pymes están experimentando con métodos de producción y venta innovadores, aprovechando generalmente las posibilidades que ofrece la digitalización (por ejemplo, se han puesto en marcha iniciativas de financiamiento colectivo por y para pymes; las empresas fintech están inventando nuevos métodos de financiamiento —como ha hecho una conocida empresa de reciente creación de México, Konfío— de las 400 fintechs de México, un tercio se dedica al financiamiento colectivo, los préstamos y la banca digital; las pymes y empresas de reciente creación están buscando soluciones para desarrollar vacunas, producir equipos de protección personal o diseñar métodos de trabajo compatibles con el confinamiento. En este contexto, la concesión de ayudas económicas que animen a pymes y empresas de reciente creación a innovar en el ámbito de las tecnologías y los productos relacionados con la prevención y control de pandemias también servirá para hacer frente a la actual crisis de salud.
  • El uso de la inteligencia artificial, no limitado a las pymes, resultará clave para que el sector médico y educativo alcancen sus objetivos en el mundo que vendrá tras esta crisis.

Y por último, aunque no por ello menos importante, los objetivos en materia de clima y medio ambiente constituirán una parte fundamental de las estrategias de recuperación económica. Esta labor abarca la creación de puestos de trabajo y negocios no perjudiciales para el medio ambiente, centrados en la economía circular, para acelerar la transición al consumo de energías no contaminantes con medidas que puedan implementarse a corto plazo. La concentración en resultados de salud ambientales fortalecerá la resiliencia en el ámbito local y contribuirá a que estemos mejor preparados para futuras crisis.

La pandemia de COVID-19 está poniendo a prueba nuestra capacidad colectiva para proteger y garantizar el bienestar de la población mundial. Debemos velar por que esta nueva normalidad sea más sostenible y más incluyente. Se nos presenta la oportunidad de cambiar la narrativa de crecimiento y convertir a las personas en el eje central, garantizándoles una mayor protección y empoderamiento. Aprovechemos esta oportunidad para avanzar hacia un futuro mejor.

Virtual Global Solutions Summit 2020

Gabriela Ramos delivered a keynote speech at this year’s virtual 2020 Global Solutions Summit.

Find here Gabriela Ramos’ keynote.

Find here her panel discussion with Colm Kelly and Dennis J Snower.

Dear colleagues and my dear friend Dennis Snower,

Thank you for convening the Global Solutions Summit virtually at this critical moment where countries can either take action to boost and safeguard global cooperation or fall into a “me first” kind of globalism.

First and foremost, I want to take this opportunity to commend the work of frontline essential workers, nurses and doctors and care-workers, that are fighting the Covid-19 pandemic and to save lives. And my deepest condolences to those who have suffered and lost on account of the virus or by trying to save others.

Indeed, Covid-19 is causing large-scale loss of life and severe human suffering. The crisis has shaken our interconnected health, social, economic, and political systems. The pandemic has taken away so many lives, put the global economy in recession, and with unfortunately high social costs. It is stressing financial markets that were already characterized by excessive leverage; affecting an international trading system ridden with tensions; and requiring fiscal and monetary action at a juncture where levels of public debt are historically high and monetary policy is already very soft. Not to mention that it comes on top of another crisis: climate change.

This is a wake-up call that we really need to change the way our entire systems operate and to change what they deliver.

But what failure are we talking about?

First, this crisis has showed us how unprepared we were to face these kinds of “systemic shocks”.

  • Our health and social protection systems are stretched to the limits, even in the most advanced economies. We are seeing that governments now have to foot the bill for market failures by subsidizing vaccine production and providing provide health care for all for example.
  • We have to accept that we cannot simply optimize and maximize efficiency and profit in our systems. Rather, we must make the necessary efforts to understand our systems through resilience approaches, risk management frameworks, systems thinking. Only this way, we can better understand the true function of the systems that govern our lives and how to best ensure that they deliver for people in normal times and when put under stress.

Secondly, of course, containment and lockdown are vital to save lives during this health crisis but we face grave economic risks as a result.

  • OECD projects a decline in annual GDP growth of 2 ppt for each month of confinement.
  • Global trade is now contracting, global production and retail sales are falling, global air traffic has also fallen rapidly because of the complex value chain linkages.

But, these shocks are not happening in a vacuum! Rather, the health and economic crises come at a moment where we are already experiencing high levels of inequality between regions, socioeconomic groups, generations, and genders. The impact of the crisis will fall asymmetrically on our societies, and while containment for some means just staying home, others will see their chances to succeed evaporate.

  • Even prior to the crisis, the bottom 40% of the population have already been disproportionately affected by economic hardship for decades.  They were “financially insecure”, meaning they are in greater risk of falling into poverty after 3 months of income loss. 
  • And there are many disadvantages that these groups are facing, and now we have COVID.
  • Here, we are talking about the young people without tertiary education. We are talking about low-income couples with children. We are talking about essential workers that now struggle to find affordable and accessible child care. We are talking about single mothers. And we are talking about those in informal employment. We are talking about those in plain poverty and we are talking about developing countries.                       
  • COVID-19 is hitting these vulnerable populations much harder.

How much more inequality can we take?

  • Take the examples of the asymmetrically negative impact of the crisis on women. Nurses and care-workers, most of those fighting the virus are women, but their pay and visibility are limited. They provide the majority of care outside and inside homes, but the social recognition of these efforts is limited.
  • Women are overrepresented in informal employment lacking adequate social protection.
  • Women-owned businesses normally struggle to access credit.
  • They are concentrated in the industries most affected by the crisis such as tourism, retail, food and beverages, accommodation services.
  • They are more at risk of becoming victims of domestic violence. Prior to the crisis, more than 1 in 3 women had experienced violence by intimate partners. Since the crisis, these rates have increased by 30% in some countries. This is really unacceptable.

The dynamics generating today’s economic crises are deeply embedded in the structure of our economies. So we need to give serious priority to putting the wellbeing of people at the centre of our discussions, reducing inequalities, and achieving sustainability and resilience to build back much better. This will demand more than a minor adjustment to current economic policies.

Thirdly, this crisis has revealed how incredibly interconnected the world is. This is perhaps the biggest difference from the 2008 crisis. We already thought we were interconnected, but now all the systems are coming together to show that we need to bring our efforts together.

  • Just as the virus spread quickly across the globe through social, travel, and transport networks, so did it impact the supply chains, systems, trade and financial markets that interconnect our economies.
  • Today, 70% of international trade is for production in global value chains, where services, raw materials, parts, and components are exchanged across countries before being incorporated into final products.[1] This means that a drop in demand for a good in France can have almost immediate impact on workers in other regions integral to that particular supply chain.

If we really want to rebuild a different, more sustainable, more inclusive economy and society, we really need to understand better how our markets, individuals and systems interact. We need to identify the vulnerabilities and address them.

We have been saying that loud and clear for years at the OECD with our NAEC initiative and also through our Inclusive Growth initiative. We don’t have any other option. We need to move forward to build back stronger with the right decisions this time. We cannot go back to normality, because normality was no good. We must build back better.

  • First and foremost, we must ensure that government interventions and stimulus packages are more sustainable and inclusive.
  • Priority should be placed on supporting low-income groups that are hardest hit. Also, immediate action will be required to help disadvantaged students make up for what they missed during school closures to avoid a lost generation of youth. They will also need to bebetter connected to the labour markets.

And let’s fully think about the longer term impact of the policy responses we implement today.

  • This means that the recovery, and any additional support, must be aligned with our environmental and climate goals.
  • We must also ensure that reforms of our tax systems, which will sustain the recovery efforts, will need to be progressive and also incentivise a low-carbon future, indeed inclusive and sustainable.

More than ever, we need a new narrative the puts people at the centre, ensuring they are better protected and empowered. Private and public sectors must come together to ensure the well-being of all people, particularly those that have been left behind. We really need to go beyond using GDP per capita and stop maximizing shareholder value as the only metrics for success. They are no good. They do not capture the essence of what we are and what we need.

Fortunately, we are seeing more and more governments and organisations embrace this goal. Let me share with you, just yesterday the B4IG initiative that the OECD empowers, met virtually, and all these multinational companies that came together to reduce inequalities are also stepping up and putting a package of 2.4B to support people in this current context and to maintain their workers and maintain business continuity. So at the OECD, we have the well-being framework to ensure that we measure what we treasure. But we are doing all these efforts and partnerships to build a better world going forward.

We need to know how people are faring in education, health, quality of life, social connections, the quality of environment they live in. We need to build public trust to ensure we prioritize policies that deliver for people. Such agendas not only benefit people but also boost trust in institutions, avoiding political backlash that we have been witnessing or the emergence of populist agendas that only serve to tear our societies apart. This is the way we recouple social and economic progress as Dennis has always been promoting in these conferences.

And such narratives have to be driven by international cooperation, advancing the idea that we are all part of one planet whose people and ecosystems need to be preserved for today and the future.

This crisis is bringing to light the weaknesses and vulnerabilities of our current economic, social, political systems. Let’s make sure we turn this challenge into an opportunity to finally make our economies, our health and epidemiologic systems, our global value chains, more resilient, better prepared, for the next, unavoidable shock. The last big recession brought the world a New Deal and a new commitment to international cooperation through the Marshall Plan, that gave birth to the OECD. Let’s learn from these lessons and, as leaders and decision-makers, come with ambitious answers for a better world!

It will not be easy, but if COVID has shown us anything, it is that the time for such a narrative is long overdue. Let’s build it together.


[1] OECD Trade Policy Brief: Trade Policy Implications of Global Value Chains 2020

NAEC-OMI Shock Proof: Building Resilient Systems in the 21st Century

On 23 April 2020 the OECD hosted a roundtable entitled “Shock-Proof: Building Resilient Systems in the 21st Century” jointly with the Open Markets Institute. Gabriela Ramos opened the session with Barry Lynn, Executive Director of the OMI. The Roundtable featured the following speakers: Paul Romer, Professor of Economics, NYU; Rohit Chopra, US Federal Trade Commissioner; Congressman David Cicilline, Head of the Anti-Trust Sub-Committee in the US House of Representatives; Michael Osterholm, Director of the Center for Infectious Disease Research and Policy; Yossi Sheffi, Professor, Engineering Systems, Massachusetts Institute of Technology; Sharan Burrow, General Secretary of the International Trade Union Confederation; Christopher Gopal, Global Supply Chain & Operations Consultant and Educator; Cristina Caffarra, Vice President, Charles Rivers Associates; Paul Tucker, Chair of the Systemic Risk Council and Fellow at the Harvard Kennedy School; Ganesh Sitaraman, Professor of Law, Director, Program in Law and Government, Vanderbilt University, former Senior Advisor to Senator Elizabeth Warren; J. Doyne Farmer, Director of Complexity Economics, Institute for New Economic Thinking, and Santa Fe Institute, and Rebuilding Macroeconomics; Michael Masters, National Director and Chief Executive Officer of the Secure Community Network, Laurence Boone, Chief Economist, OECD; Pascal Lamy, President Emeritus of the Institut Jacques Delors, Former Director-General, World Trade Organization; Paul Tucker, Chair of the Systemic Risk Council and Fellow at the Harvard Kennedy School.

** Remarks as delivered on 23 April 2020 **

Good morning everybody and welcome to this virtual NAEC session. Thank you Barry for your opening remarks.

It is our pleasure to host this event with the Open Markets Institute (OMI), who are examining the influence of monopolies, and how monopolies have made our systems more fragile.

The Covid-19 pandemic shows this in a shocking way, with hospitals lacking the basic equipment that markets dominated by a few suppliers failed to provide.

The pandemic also illustrates more basic features of complex systems. For example, interconnectedness brings benefits, but it also means that a shock to one system can cause cascading failures in others. A health crisis in a Chinese province quickly became a global economic and social crisis.

And contrary to the ideas of traditional economics, complex systems are inherently unstable. They generate shocks themselves, and they don’t return to a previous equilibrium.

These systems are not only complex, they are adaptive. They are constantly reorganizing themselves in reaction to what their own components and other systems are doing. Natural ecosystems for example react to changes in land use, bringing wild animals and their viruses into closer contact with the humans who destroyed their habitats.

NAEC, our New Approaches to Economic Challenges (NAEC) Initiative, champions more accurate ways of analyzing complex, adaptive systems.

We are now in the midst of a systemic upheaval foreshadowed at the NAEC Group meeting in September 2019 on Averting Systemic Collapse which pointed out that “a new crisis could emerge suddenly, from many different sources, and with potentially harmful effects”.

But simply warning about impending catastrophes is not enough: we have to propose approaches to dealing with them. That means first admitting that important systems may fail and preparing to deal with failure. 

Here, another system characteristic is central: resilience, the ability of a system to plan and prepare for, absorb and withstand, recover from, and adapt to adverse events and disruptions.

Nobody would argue against resilience, but one lesson we have learned in NAEC is less welcome. There is a tradeoff between resilience and efficiency. Cutting the number of hospital beds and staff may make the health system more efficient, but at the price of less resilience.

Linked to efficiency is optimization. In NAEC, we call on a range of disciplines, not just economics. Engineers and physicists tell us that when you try to optimize a complex system, you may end up destabilizing it.

For the economic system, Barry has illustrated how the concentration of power in a small number of global corporations may have improved efficiency in specific domains and circumstances, but over-reliance on a few actors has undermined the resilience of the economic system as a whole.

Concentration of wealth and power is a fact of today’s economy with 80% of corporate value housed in 10% of corporations.

This has wide, systemic impacts. Paul Krugman and Larry Summers link growing monopoly power to weak growth, while Jason Furman and Peter Orszag argue that monopoly has contributed to inequality. It also damages entrepreneurship.

Today, we are discussing what happened to production networks, why it happened and what could be done in the future to create shock-proof systems. The answer is not localisation or anti-globalisation, but at least part of the answer must be anti-monopolisation.

For many institutions, including the OECD, which has traditionally emphasized the need for efficiency, it is not easy to accept that we should build slack, buffers, and spare capacities into our systems, especially when countries face fiscal constraints after the current crisis. But as we now see, this is a literally a question of life or death.

So welcome to this seminar, that is contributing to re-thinking our systems to ensure that they are sustainable and deliver for people.

OECD Friends of Climate: COVID-19, Climate, and Biodiversity

On 22 April 2020, Earth Day, the OECD’s Friends of Climate met to discuss Biodiversity in COVID-19. The meeting was attended by OECD Member country ambassadors, the Secretary-General, Deputy Secretaries General, the Chief of Staff and Sherpa, the Chief Economist, the Director of the Environment and the Director of Development Co-operation to share their analyses on this theme. Gabriela Ramos delivered the following remarks:

I welcome the initiative to call for this meeting at this moment in time. when talking about resilient systems, and looking at the level of interconnectedness of our world economy and cascading effects of this pandemic, we could not agree more that environmental agenda is central to healthy, sustainable, equitable societies.

Even if our countries are focused on fighting the pandemic and containing the economic damage, the decisions and policies that we take now will determine how we come out of this crisis, and whether or not we will learn from it. This pandemic and the widespread effects it is having across all the systems we rely on in our daily lives, is revealing truly how important resilience and sustainability is. We must come out of this crisis with having learned from it, with a renewed commitment to contribute to the higher goal of delivering on our environmental and climate commitment, creating a win-win-win for people, the planet, and our societies.

This is not about tomorrow. The stimulus packages, the government support on many areas, to SME’s to people, to different activities that we are rolling out today can and must be consistent with climate objectives.

In the recovery phase, where we will almost certainly need further stimulus packages and efforts, we must prioritize those that are consistent with our climate objectives, on infrastructure, on transport, on many other sectors. This is why IPAAC, International Programme for Accelerating Action on Climate is particularly important at this stage.

But, considering the high level of inequalities that have been brought further to light in this crisis, we must also take care to align response and recovery efforts it with the goal of achieving more inclusive societies.

Unfortunately, COVID-19 has already had disproportionately negative impacts on certain groups of people: lower-income groups, children, youth, women, the elderly, workers in the informal sector. Across the OECD, 30 percent of people are considered financially vulnerable, meaning they will fall into poverty if they forego 3 months of income, soon to be a reality as confinement measures continue across countries.

They have lower health status, and their children are more affected by the closing of schools. Access to internet is much lower on those groups and half of the world population are not connected to internet.

Already, 2.7 billion workers (or 81% of the world’s workforce) are currently impacted. New unemployment benefit claims in some countries are 10 times ‘normal’ rates.

With job loss, many of them are losing their health insurance in the face of this health crisis.

And women are hit harder by the impact of the crisis as many women are overrepresented in informal employment without adequate social protection and healthcare coverage. The impact is amplified in developing countries.

Although logical that those with less means to respond to the crisis suffer most, this does not mean we should accept these disproportionate impacts. We have yet to account for inequalities in our response efforts, and we must work to do so.

Unfortunately, these disproportionate impacts foreshadow the future as the same groups are likely to be hardest hit by climate events and crises. We know that low-income households are more vulnerable to air pollution, lack access to clean drinking water and quality infrastructure.  They are also more affected by climate events.  Evidence from past crisis tell a clear story:

Post-Hurricane Katrina disaster, black workers were 3.8 times more likely to have lost their jobs (increasing to 7 times for low-income black workers). Climate change affects workers who are the most reliant on ecosystem services such as farmers and fishermen.

So we need a fair transition, and this is something your countries have underscored. This crisis has made it more clear than ever before that our current economic system and growth models are not setting us up for successful response to impending climate impacts but rather poses great risks for future well-being.

A comprehensive and integrated approach to human health is needed, and a green transition can provide a significant opportunity to alleviate existing inequalities in outcomes.

Thank you.

Breakingviews – Guest view: Can we achieve gender equality? Op-ed by Gabriela Ramos and Phumzile Mlambo-Ngcuka

The impact of this Covid-19 crisis is widespread and unavoidable across countries, unfortunately while both men and women suffer, women are hardest hit. Phumzile Mlambo-Ngcuka and I are joining forces to call leaders to action and support policy- and decision-makers ensure we re-balance the equation by incorporating a gender lens into our responses. We cannot let this crisis exacerbate already existing inequalities.

Read our op-ed and Call to Action here.

Launch of the OECD COVID-19 Policy Hub

Access the hub here: oecd.org/coronavirus

Since the first sign of the magnitude of the Covid-19 crisis the OECD has been working to provide the necessary guidance and recommendations to support our member countries in this time of great uncertainty. Since our March Interim Economic Outlook provided the first ever analysis of a pandemic on the global economy, our experts are working around the clock to provide the most timely, informative updates on policy responses, effects of the virus on employment, health systems, and well-being. Count on the OECD to support and provide clarity and guidance in this time of many unknowns. Find all of our latest insights, policy advice on our recently launched Covid-19 Policy Hub: oecd.org/coronavirus. This hub also includes a database of countries’ policy responses which will be continuously updated.

How’s Life? 2020 Virtual Launch

On 9 March 2020, we launched the 2020 How’s Life? which provides an update on the state of various dimensions of well-being beyond GDP including income and wealth, work and job quality, health, housing, environment quality, civic engagement, social connections, safety, work-life balance, and more. This framework also considers inequalities across all dimensions of well-being. This virtual launch included Saila Ruuth, State Secretary, Ministry of Social Affairs and Health, Finland; Karine Moykens, Secretary-General for the Department of Welfare, Public Health, and Family, Flanders; Nancy Hey, Executive Director, What Works Centre for Wellbeing; Sarah Davidson, CEO, Carnegie UK Trust; Dennis Snower, Founder and President of the Global Solutions Initiative. Find the publication here: oecd.org/statistics/how-s-life-23089679.htm

Virtual Launch How’s Life 2020 Gabriela Ramos OECD Chief of Staff and Sherpa ton the 20 Saila Ruuth 9 march 2020 Paris, France Photo : OECD / Victor Tonelli

I’m very pleased to share with you a few key findings from the report, before we move to discussing together as a panel.

Figure 1. How do we measure people’s wellbeing?

First, let’s take a look at HOW we measure a concept like “well-being.”

How’s Life? is the OECD’s main report on well-being, covering 41 countries, and showing over 80 different indicators. The report is structured around our framework (shown above).

In this framework, we analyze dimensions of well-being “today” (top left of Figure 1), well-being inequalities (top right of Figure 1), and the resources and risk factors that underpin and determine future well-being (along the bottom of Figure 1).

Current well-being focuses on the outcomes that matter to people. Think of these as the key ingredients for a good life.

We group these into 11 dimensions, covering material conditions (like income, work and housing); quality of life (such as health, knowledge and skills and subjective well-being – or how people feel about their lives); and more relational aspects of well-being (such as social connectedness).

For each measure in current well-being, we look at average performance, inequalities between different groups (ie. men versus women; young versus old; high versus low educated);  inequalities between people at the top and people at the bottom;  and identify the share of people who are considered “deprived” in terms of their well-being. 

But we don’t just care about the state of well-being today:  we also want to know if that well-being is on a sustainable footing for future generations. 

Virtual Launch How’s Life 2020 Gabriela Ramos OECD Chief of Staff and Sherpa ton the 20 9 march 2020 Paris, France Photo : OECD / Victor Tonelli

In this vein, we consider four different types of resources (or capitals) that tell us about the health of the systems that support well-being over time: natural capital, human capital, economic capital, and social capital.

These measures are not necessarily telling about the state of well-being but rather about the state of the wider societal systems that support and underpin well-being. And here we look at stocks of resources, flows, and risk and resilience.

For both current well-being and resources for future well-being a key interest is in how these are changing over time – i.e. is life getting better, and for whom?

Figure 2. In many ways, life is better than in 2020

The good news is that, in some ways, life has been getting better since 2010. How’s Life? 2020  documents improvements in OECD countries on average in several important aspects of people’s well-being:

  • Household disposable income has risen consistently since 2010 in around half of all OECD countries, and has gone up for the OECD on average by 6%, cumulatively.
  • Fewer people live in overcrowded conditions – down from 14.2% to 11.6% between 2010 and 2017
  • The adult employment rate has climbed almost 5 percentage points since 2010 (when the impacts of the financial crisis were deeply felt in labour markets)
  • Some aspects of job quality are improving: the share of employees who usually work very long hours has fallen by 1.7 percentage points
  • Life expectancy has climbed consistently in most OECD countries (although there are some signs of plateauing in certain countries)
  • The homicide rate has fallen by a quarter
  • Life satisfaction has gone up by 3%.
Figure 3. …but different OECD countries face different realities

Yet for other indicators, as you can see in Figure 3, progress on well-being has been much more mixed, or has even declined in several OECD countries. 

Figure 3 also emphasises that different OECD countries face very different realities for some aspects of well-being.

Figure 3 shows the number of OECD countries who, compared to 2010, have consistently deteriorated (yellow), remained stable (blue), or have improved (pink).[1]

  • According to the latest OECD PISA study, science skills at 15 years of age have worsened in nearly half of all OECD countries
  • Income inequality has improved in 6 OECD countries, but worsened in 11 – and remained stagnant for the rest.  So while incomes are going up on average, those gains aren’t necessarily being used to level up inequalities
  • Social support, housing affordability, negative affect balance and voter turnout have each worsened in roughly as many countries as they have improved – and there is no clear trend in around half or more countries
  • We have a lot of data gaps for household wealth and time spent on social interactions – but where we do have data, the majority of OECD countries are generally stagnant or deteriorating.

Economic insecurity, disconnection and despair affect significant numbers of people in OECD countries.

Life remains financially precarious for many people:

  • More than in 3 people in OECD countries are financially insecure, meaning they lack liquid financial wealth to support their household at the income-poverty line for more than three months in the event of a shock.
  • The protective buffer that household wealth provides has also been eroded since 2010: among the 15 countries with available data, median household wealth has fallen by 4%, on average

We live in an ever-more connected world, but is that making us closer?

  • We have very little trend data for time spent socializing, but studies in 7 countries show people spend almost 30 minutes less per week interacting with friends and family than they did around a decade ago.  That represents a 7% fall. 
  • 1 in 11 people feel that they do not have friends and family whom they could count on for help in times of need.

And even in prosperous OECD countries, too many people are living in misery:

  • Around 7% of the population in OECD countries report very low life satisfaction.  This has fallen since 2010 but 7% is still 7% too high.
  • Deaths from suicide, acute alcohol abuse and drug overdose, while a small share of overall deaths, are still 3 times higher than road deaths.  These deaths are much higher among men than women, but there are some concerning trends, with “deaths of despair” rising among women in more than 1/3 of OECD countries since 2010. 
Figure 4. Men and women still cannot “have it all”

Technical note:  the “lollipops” show the average gender ratios. The line across the middle of the figure represents “parity” between men and women (a ratio of 1). Values below 1 mean men are doing better than women.  Values above 1 mean women are doing better than men. 
Virtual Launch How’s Life 2020 Gabriela Ramos OECD Chief of Staff and Sherpa ton the 20 9 march 2020 Paris, France Photo : OECD / Victor Tonelli

Men and women still cannot “have it all” when it comes to well-being. 

As you can see in Figure 4 above, there are some large gender differences in well-being across OECD countries on average. And while sometimes men fare better than women [shown in pink] there are also some aspects of well-being where women are doing better than men [shown in blue] – at least for the OECD on average, if not in every country.

For example:

  • Far more women work long hours in UNPAID work, relative to men.  And on average, women spend 2 hours per day more than men on unpaid work (such as housework and caring responsibilities). 
  • By contrast, twice as many men work long hours in PAID work – and they take home 13% higher earnings. 
  • Relative to men, women also have more depressive symptoms; feel less safe walking alone at night in the area where they live; and are less likely to be in paid employment, relative to men

Yet there are also several aspects of well-being where women (on average) fare better than men:

  • Women are less likely to lack social support; they spend more time on social interactions than men; and they are less likely to die from “deaths of despair” such as suicide, acute alcohol poisoning, drug overdose, or homicide. However, it is also important to note that such “deaths of despair” have been rising among women in more than 1/3 of OECD countries since 2010.

How’s Life? 2020 isn’t just about well-being today: it also covers a wide range of resources and risks for future well-being.

Of course, new threats to well-being are arising all the time. The latest one that is preoccupying governments around the world is coronavirus. 

We must build resilience across our natural, economic, human and social systems in order to be ready to face new threats as they emerge.

Yet in our data, we see some warning signs…

On natural capital there are grave concerns for both the climate and biodiversity:

  • Change poses formidable risks to both people and planet.  Global greenhouse gas emissions from energy use reached their highest ever level in 2018. 
  • In almost half of OECD countries, more species are at risk of extinction, relative to 2010
  • To have any hope of meeting emissions targets, we need a fundamental shift in where our energy comes from.  At the moment just 10.5% of the total OECD energy mix is supplied from renewable sources.

Social capital remains in a weakened state across OECD countries:

  • While trust in government has improved slightly since 2010, it worsened in some of the countries where it is already low, and in 2018 fewer than half the population in the average OECD country said that they trust their government
  • Inclusive decision-making remains a distant goal:  only 1 in 3 people in OECD countries feel that they have a say in what the government does, and women hold just one-third of all seats in OECD parliaments

If you want to find out more about how life is going where you live, we’ve created country profiles you can find online.

These cover headline indicators of current well-being, resources for future well-being, change over time, and inequalities (including by gender, age and education). 

That was a quick selection of facts and figures, but you can find much more online at oecd.org/howslife.


[1] White bars are countries where we don’t have a time series

Welcome to the 2020 OECD Interns! Intern Circle Welcome Event


On 11 February 2020, I welcomed the new cohort of 2020 interns with the Secretary-General. Always a pleasure to have our interns at the OECD. They provide great support to the heavy work that our directorates conduct, but also bring a breath of fresh air and new ideas to our work!

First, I want to give you my warm congratulations on entering this 2020 intern cohort from 43 countries! And two-thirds of you are women! You should all be proud of yourself.  As much as you will benefit from this programme, the Organisation learns from you, from the perspectives of creative, passionate young people.

Thank you Secretary General for sharing this wonderful message about how leadership matters to ensure we drive change with compassion. I want the interns here to keep this in mind. It is important to have a vision, develop your mission, and never lower your ambition. Make sure to find your passion and commit to it. If you care about what you are doing, the rest will follow.

First, let me say “welcome” to you all. Welcome to this event today and welcome to the OECD. We are so grateful to have you here. As much as you will benefit from this programme, the Organisation learns from you, from the perspectives of creative, passionate young people. Your valuable contributions, and those of interns before you, help make the important work we do here at the OECD less heavy. Especially in today’s context, where multilateralism is being challenged and we see greater polarization of views in our societies, we need your support now more than ever. You make our work less heavy, but you also bring enthusiasm, a “can do attitude” and a breath of fresh air, new ideas! You also contribute massively, along with our other young staff, Young Professionals, Young Associates. In the cabinet, for example, I do not know how we would do it without Alexis, Alex , Mathis, Claudia, and Ebba!

11 February 2020 Intern Welcome Event OECD Headquarters, Paris, France Photo: OECD/Andrew Wheeler

I was asked to speak today to give advice or guidance as you move forward, in these internships but also beyond. You chose the OECD because you want to pursue a career in international relations, diplomacy, economics or any expertise that this house offers – to make an important and positive impact on the world we live in. I have given lectures at many universities, and in fact the OECD is starting an Economic Diplomacy course with the support of Sciences Po and other partnering universities around the world this summer. My key message to young talented people like you is always the same – understand the dynamic change the economy and society is going through, find your passion, and develop global skills needed to make a positive change. First and foremost, we need to remember that such skills mean nothing without a passion they can be mobilized toward. As you develop your skills, always contextualize them in something you are passionate about. Find your passion and don’t let anyone stop you from pursuing it.

Allow me to share three experiences that were key to building my confidence to push forward in a tough environment. The first one happened when I was working at the Mexican Foreign Ministry and I received a Fulbright grant. I had to pick three universities that I wished to attend as part of this program. As I was making my decisions, Luis Miguel Diaz, the Legal Counsellor of the Ministry, also a Harvard alum, was passing by and immediately why I had not included Harvard in my list. I, of course, responded that there was no way I would be accepted to Harvard. It was a school for geniuses! He immediately became upset asking why I was putting obstacles in my own way. Why was I stopping myself? He advised that I should never put up my own obstacles. The world will put those obstacles up for you. Do not stop yourself. Of course, I included Harvard in the list of three schools, but was not convinced. Soon after, I was accepted. He was so right! Don’t put up any unnecessary obstacles in your own way, the world will do that work for you.

The second example is one I reflect on often. I remember very clearly the first Sherpa meeting I ever attended. This was back when the OECD was still testing the waters of its relationship with the G20 and G7 groups. Not to mention, I was still figuring out how to fit into my new role as Sherpa. At the first dinner of the meeting, I spoke and got very strong negative reactions from the Chinese and the Indian sherpas. Disgruntled, I called the Secretary General and told him everything that had happened, asking him whether I should be a bit more reserved the next day. The SG kindly listened to my rant. In hindsight, I realize he must have thought, “Who did I send as our Sherpa?!” Once I finished grumbling, the SG said “Gabriela, when in doubt, push!” That was all I needed. Four words and all the wisdom to make a difference. And now look at what we’ve achieved: successful partnerships with all G20 and G7 presidencies, the launch of our B4IG platform last summer, the 25 by 25 gender target, international commitments on action for biodiversity, to tackle online violent and extremist content.

11 February 2020 Intern Welcome Event OECD Headquarters, Paris, France Photo: OECD/Andrew Wheeler

Finally, I want to reiterate the principles of the 5Ps: Proper Preparation Prevents Poor Performance . This is the mantra at the Cabinet, that comes from the SG. I hope that when you leave the OECD, you will keep this mantra in mind. Equip yourselves with skills, evidence, data, best practices, knowledge that you need to advance your passions.

But today, we are seeing a major shift in demand for skills, largely due to digitalisation. What kind of skills will you need for the future? Traditional professions and activities are changing in nature and scope, and new professions are being invented. Your generation will likely not have a job for a lifetime, but rather several occupations, and change will be the only constant. You are likely already seeing this among your peers. This is extremely exciting of course but also emphasizes the need for lifelong learning and adaptable skillsets. In the meantime, other professions are being invented. For example, big data architects, cloud service or digital marketing specialists did not exist until recently. Even if jobs do remain, the skills required will be completely different. Take an architect for example, design now has very little do with paper and pencil, rather digital tools.

So you need good writing, reading, math, and science skills, as always. But the demanding digital environment is advancing so quickly that what we truly need are to bring back the skills and instincts that make us human, to both balance and shape the technical changes arising as a result of digitalisation:  we need socio emotional skills, critical thinking, a collaborative spirit, open minds, and the need to understand the perspective of others in a highly integrated world.

These skills are particularly important given the challenges that our societies are facing whether it be growing inequalities, mistrust in institutions, environmental destruction and climate change. These challenges need innovative, empathetic solutions. We live in a convoluted world so the skills of the future are not those that only focus on preparing for the labour market, but those that prepare for life. At the OECD we call these skills « global competencies » . Global competencies are the capacity to examine and take into account global and local perspectives, tolerance to other views, values and cultures and to act for collective well-being and sustainable development.

Empathy, compassion, open mindedness are key.  Thinking beyond our own good lives and jobs. It sounds obvious, but at this very moment in history, we seem to be in great shortage of these qualities, particularly among leaders in many countries. The most sought-after skills are those that help you understand each other. You must of course go forward with empathy. But beyond empathy, you must have compassion. Empathy is about felling the pain of others. Compassion is doing something about it.

I often think of Kailash Satyarthi, winner of the Nobel Peace Prize who has dedicated his life to rescuing hundreds of thousands of children from slavery, and a great friend of the OECD. Kailash once said, “Today we live in a world of rapid globalisation, information technology, markets, production, and knowledge. I hope that we can also globalize compassion.”

Thank you all for being here and I wish you the best of luck in your internships.